miércoles, 12 de agosto de 2026

El nervio vago y el amor de un padre

Papá nunca jugó al fútbol, nunca tuvo pelota. Mi papá nunca tuvo bicicleta, nunca tuvo plazoleta. Nunca jugó al contra, la lima, comer chuches, ni tuvo banco de pandilla donde sentarse al lado de la niña que me gusta.
Papá nunca fue adolescente, su infancia fue efímera, cumplió catorce y emigró de Santander a Cádiz, solo solito solo a casa de su hermana mayor, para trabajar en el ultramarinos montañés.
Los libros y el uniforme de papá eran de mandil y guayabera, y las asignaturas ser honesto y trabajador, misa diaria y los domingos el día del señor. Universidad católica y familiar de formación de transmisión oral.
Descubrir trabajando, aprender trabajando, amar trabajando, ser persona trabajando, ayudar al prójimo trabajando, hacer familia trabajando, rezar trabajando, ser hermano trabajando, ser marido y padre trabajando, ser amigo de sus amigos trabajando. Y vivir intensamente trabajando.
El contexto lo es todo, y tú con puntos ciegos que son los de tu época, siendo lo que vives y conoces, te amoldas y haces de lo que la vida te da, lo mejor de ti, una mejor versión que transmites a tus hijos.
Su mano la siento en la mía, su mirada me sigue dando calma y la paciencia que no tengo, su amor tierno, entero, sencillo y como buen montañés seco, vive en mí. Porque hablaba callado, como amaba y como trabajaba con el gesto, con respeto y sin miedo. Hoy la psicología es lo que pregona, escuchar el cuerpo, que atiende y siente antes que el intelecto, y sin saberlo unía con el nervio vago estómago, corazón y cerebro.

Emiliojo

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