Me quitaron el vino, el queso y el jamón, encurtidos, salazones, lateo gourmet, porque del malo ya me cuido yo, salazones y los chuletones, me dijeron no más.
El sodio, es lo contrario del amor, y lo que trae el rencor, por lo que tampoco. La sal, la que conserva y le da sabor a las cosas de las cosas, la que llamaban los romanos salario, se queda para cuando me bañe en la playa y trague agua. O la que me da la tierra, no porque coma arena, que poco me falta, sino la que me dió el cielo por ser de Cádiz capital.
Vivirlo e integrarlo, relacionarme con ello, me hace sensible y empático, con quién sufre de cronicidad, master class en psicología aplicada. Un dedo divino y biológico, que me muestra que no es pa tanto lo que pienso, creo y sufro.
Pero lo que más me duele y daña no es lo que no puedo darme, sino lo que no puedo entregarme. Y eso me mata, y vuelvo al principio de mi disertación, no me dejan dar lo mejor de mí, mi sangre, eso si que es dolor. El que me hará, darme con escucha activa, corazón, compasión, e intención.
Ex donante de sangre, ya soy, pero de vida, amor y esperanza el del ordenador no ha dicho que no.
Emiliojo
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