No me queda más remedio que salar y aderezar mis comidas con mi memoria olfativa y gustativa.
El aderezo no viene en el guiso y la elaboración, ni siquiera en el súper. Lo hago en el acto de comer ya sea desayuno, almuerzo, merienda y cena; salpimentando o aliñando. Y añadiendo de memoria, el hueso de jamón virtual al puchero, las chacinas ná de ná al aperitivo, las carnes rojas con hechura de pechuga de pollo a la brasa, los de estraza sin queso, y a taquitos solo los besitos. Las latas y salazones de la marca por los cojones.
La cerveza de la marca tomas falsas, bien fresquita y tostada sin avellanas.
Y el vino, es un sueño por el que rezo, no por beber en solitario, sino con todas las que en lo bueno y el convivir lo compartía, y por alguna de vez en vez, alegrar el corazón y sin perder la razón, darle razón a la vida…
Emiliojo
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